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La sinfónica de la vida

Writer: Pablo Garcia
Pablo Garcia
Jan 2
2 min read

Hace poco estaba sentado en el patio de casa, reunido con unos amigos. Uno de ellos trajo una guitarra, y tras muchas conversaciones sabrosas, los arpegios comenzaron a adornar la noche, dándole un sabor rico y exclusivo a la velada. Sin embargo, a la distancia se escuchaba otro sonido: alguien, al parecer, decidió reparar algo en ese mismo momento, con fuertes martillazos que hacían eco hasta nosotros.

Lo curioso fue que, en lugar de arruinar el ambiente, ese ruido se transformó en un ritmo sincopado que dialogaba con las cuerdas de la guitarra. Sin saberlo, esa persona se convirtió en artista invitado de una noche inolvidable. Como un timbal en su momento justo, su martilleo se sumó como instrumento necesario en la gran sinfonía de la vida.

Una orquesta sinfónica puede reunir decenas de músicos, cada uno con talentos, experiencias y trayectorias distintas. Vienen de diversos trasfondos, familias, culturas y países, pero se unen con un propósito común: brindar al oído, al corazón y al alma una armonía de emociones y reflexiones. Algunos músicos se destacan con solos largos y brillantes. Otros solo participan en breves compases, incluso imperceptibles. Pero todos tocan. Todos suman. Al ritmo que marca el director.

Quizá así somos nosotros. Tal vez todos formamos parte de una gran orquesta donde cada participación es vital para el desarrollo de esta historia que llamamos vida. Lo que hacemos, o dejamos de hacer, tiene un impacto mayor del que imaginamos. Nuestras decisiones afectan profundamente a quienes nos rodean.

La sinfonía se enriquece cuando decidimos besar a nuestros seres queridos, cuidar de nuestros hijos, abrazar al necesitado, socorrer al que clama, llorar con el que sufre, reír con el que goza, bailar con quien amamos. Y la orquesta queda incompleta cuando decidimos no hacerlo.

Encendamos el corazón sabiendo que somos parte de una gran orquesta llamada humanidad. Tu papel importa. Tu sonido es necesario. Gracias por existir y por adornar el mundo con la melodía de tu instrumento. Tal vez, en esta vuelta, te toca ser quien martilla fuera de tono. Pero aun así brillas, porque haces lo que te corresponde. Abre los ojos, mira al director, y prepárate: tu solo estelar está a la vuelta de la esquina.

 
 
 

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